lunes, 14 de diciembre de 2015

La ciudad de Constantino Cavafis

Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre.
Volverás a las mismas calles. 
Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. 
Otra no busques -no la hay- ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.

Otra traducción:

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".

Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. 
Vagarás por las mismas calles. 
Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. 
Para otro lugar -no esperes- no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

Epitafio de Luis Antonio de Villena

de Proyecto para excavar una villa romana en el páramo

Amigo que pasas, detente un instante. 
Yacen aquí las cenizas de alguien que no pidió venir 
(al que nada le hubiese importado no venir)
y que, sin dolor, nunca temió irse. 
Como tú, pensaba que este mundo es oscuro y sucio, 
y crueles y necios la mayoría de los hombres, avaros y egoistas.
Hay momentos de lujo: la belleza y el arte. 
Los chicos y los libros. 
Él no buscó más. 
Y agradece a los dioses que le impidieran llegar a la vejez, tediosa y terrible. 
Atrapa el presente, amigo. 
Goza y no tengas miedo. 
El mundo no tiene arreglo y los hombres tampoco. 
Suciedad y traición colman la vida. 
Coge los momentos fugaces de luz y calienta con ellos la tumba. 
Aquí sólo hay silencio y olvido. 
Claro que hubiera dado igual no venir. 
Pero ya que llegaste (sin pedirlo) pásalo lo mejor que puedas… 
Te lo dice quien, sin dolor, no temió partir. 
Y lo hizo de golpe preciso. 
Tranquilo, el Averno es benigno. 
Y en verdad nada es peor (salva los dorados momentos de oro) que la vida misma. 
La inclemente y dulce vida. 
Entrar, salir… No temas. Nada hay, sólo el presente existe. 
Sé feliz, caminante. Me llamo Nadie. Como tú, como aquel, como todos… 
Nadie descansando en Nada.